Enseña a desobedecer a tus empleados

por USIL Business School Miami Jun 19, 2018 Líderes, Liderazgo, Estilos de Liderazgo, Empleados, Comunicación, Estilos de Comunicación, Buen Liderazgo, Gerencia de empresas, Gerentes 0 Comentarios

Cuando se habla de cómo ser un buen líder o un buen jefe en el trabajo, se da por hecho siempre que las órdenes dadas van a ser aceptadas por todos los empleados sin objeción, pero ¿y si hubiese una voz discordante entre aquellos que están bajo tu dirección?

Las buenas relaciones entre el empleado y el jefe son aquellas que se construyen de manera sólida sobre el respeto y la confianza, llegando a convertirse en una relación de colaboradores en la que se trabaja de forma recíproca para conseguir el éxito de ambos, respetando los papeles de cada uno y dialogando honestamente de las actuaciones que podrían afectar al resultado de trabajo conjunto, sin importar el rango.

Un buen colaborador debe estar preparado para decir las verdades independientemente de que su jefe le invite a hacerlo o no. Pero un directivo inteligente debe saber que las presiones sociales en el lugar de trabajo son tan fuertes que pueden impedir que un colaborador pueda expresarse con naturalidad.

No se trata de legitimar la desobediencia o el cuestionamiento continuo de las decisiones del líder, sino de crear un hábito sano de “desobediencia inteligente” en el que el trabajador sepa valorar las ventajas o inconvenientes de la decisión dependiendo de las circunstancias.

La aplicación de este protocolo te ayudará a romper ese hábito cultural de la obediencia ciega entre tus colaboradores:

  • Dales a conocer que pueden llegar a obedecer sólo por hábito. Nadie piensa que obedece ciegamente, por lo que hay que hacérselo ver en circunstancias concretas y demostrarles la necesidad de cambiar.
  • Pon de manifiesto el perjuicio derivado de una obediencia no cuestionada. A muchos se les ha educado en el valor indiscutible de la obediencia y no son capaces de reconocer en qué circunstancias no puede esperarse que obedezcan ni es apropiado hacerlo.
  • Asegúrales que no premiarás la obediencia ciega y que tampoco penalizarás la desobediencia inteligente.
  • Ofréceles respuestas alternativas a la obediencia ciega. Clarifica qué respuestas podrían darte y confirma que serán aceptadas, preferidas e incluso premiadas por ti.
  • Entrena con ellos esas respuestas alternativas, antes de que se vean en las situaciones reales en las que deberán aplicarlas.
  • Practica hasta que te respondan de manera segura y firme con una desobediencia inteligente, y no como si leyeran un guion preestablecido.
  • Elogia el uso de la desobediencia inteligente cuando se produzca. Demuestra que estás preparado para aceptar que, por principio, discrepen. Te juegas aquí la credibilidad pues decidirán si eres digno de confianza o no.
  • Protege al colaborador que muestre una desobediencia oportuna. No todos compartirán tu defensa de ese tipo de desobediencia, por lo que debes demostrar a quienes te secundan que no son penalizados por fiarse de ti.